Mientras gran parte del alumnado joven transita por las facultades con la mirada puesta en las vacaciones de verano, un nuevo perfil de estudiante transforma las aulas españolas. Se trata de una generación de jubilados que, lejos de entender el retiro laboral como un tiempo de pasividad, han decidido regresar (o entrar por primera vez) a la universidad. Es el caso de Clotilde Aguirre, quien a sus 91 años personifica la pasión por este estilo de vida: “Me gusta tanto la universidad que hasta me molesta tener vacaciones”, confesó recientemente a El Periódico

Según los últimos datos de la Asociación Estatal de Programas Universitarios para Personas Mayores (Aepum), el éxito de estos programas es rotundo: ya son más de 44.000 los alumnos sénior matriculados en todo el país, una cifra que duplica los registros de hace dos décadas. La estadística revela que el 60 % del alumnado son mujeres y que, aunque la media de edad se sitúa en los 65 años, no es extraño encontrar estudiantes que superan los 80 o incluso los 90. Este paso de Clotilde y sus compañeros, de la jubilación al pupitre, supone el inicio de una nueva vida universitaria en la que las Humanidades, por cierto, se posicionan como la opción predilecta. 

Acudir a la facultad fomenta la convivencia frente al aislamiento doméstico o el cuidado exclusivo de la familia.

El auge es de tal magnitud que la oferta académica se ha visto desbordada. En numerosos centros, el sistema de acceso ha tenido que regularse mediante sorteos y listas de espera. Este fenómeno tiene su epicentro en instituciones como la Universidad Complutense de Madrid, pionera en este ámbito desde 1999 y que lidera el ranking nacional con más de 6.000 estudiantes. 

Un perfil en constante evolución

Si bien en los inicios estos programas acogían principalmente a personas que no pudieron estudiar en su juventud, hoy el aula acoge alumnado heterogéneo. “Entre los matriculados, ahora tenemos exministros y directores generales”, explica a El Periódico Marcos Roca, director de la Universidad de Mayores de la Complutense. En este ecosistema conviven antiguos catedráticos con personas sin titulación previa

El funcionamiento de estas facultades rompe con los esquemas tradicionales. Aunque las clases son impartidas por el mismo cuerpo docente de los grados convencionales, los mayores están exentos de exámenes oficiales. Además, los requisitos para entrar son sencillos: superar los 50 años de edad, abonar unas tasas algo más económicas que las de un grado ordinario y responsabilidad de asistencia. 

Para Roca, la clave reside en la naturaleza del aprendizaje: “No es un grado similar al que hacen los jóvenes, sino otra experiencia que consiste en aprender por el puro placer de aprender”.

Una respuesta a «España supera los 44.000 universitarios sénior»

  1. […] no seré yo quien ponga edad para ir a la universidad. Si no, mira esta noticia que publicamos en Viren sobre estudiantes sénior. Para jóvenes y adultos, estudiar supone un […]

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