Sonaba un radiocasete en la calle. Emma López, bailarina gallega, empezó en el barrio. Años más tarde, se convirtió en miembro de la primera pareja gallega profesional que ascendió a la máxima categoría de la danza deportiva. También en una de las primeras entrenadoras gallegas. Ahora, sus alumnos cosechan medallas en las competiciones. Aún así, según afirmó para el Faro de Vigo, “queda mucho por hacer”.
Siendo una niña, la gallega tenía una doble pasión: escribir y bailar. Mientras ganaba concursos de redacción, al salir a la calle, también desarrollaba su gusto por la danza al ritmo de un radiocasete. Aquella danza le permitía ganar algo de dinero junto a sus hermanas y sus amigos.

Apostó por iniciarse en el periodismo. “El baile no se consideraba una profesión en aquel momento”, señaló para el mismo diario. Estudió en la Universidad Complutense de Madrid, hizo prácticas en el Faro de Vigo y, después, la contrataron. Sin embargo, en un momento tuvo que elegir entre periodismo y baile y, agotada de la profesión, se decidió por el baile.
Empezó a competir en Cataluña junto a su pareja —artística y sentimental—. Se convirtieron en la primera pareja profesional gallega en ascender de categoría. Al mismo tiempo, comenzó a dar clases para costearse los gastos. “Fuimos pioneros. Había algo de danza deportiva en Santiago, en A Coruña o en Lugo… Muy poquito”, indicó para el medio gallego.
Se retiró de la danza en 2003, pero con un profundo gusto por la enseñanza. A eso se dedica desde entonces en las Escolas Deportivas Municipais, en la que tutela a más de sesenta alumnos y en Al Compás, club que fundó en 2007. También apostó por sacar la titulación de jueza por la Federación Internacional, lo que le convirtió en la primera jueza gallega de la historia.
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