Álvaro Lobato

Este apicultor leonés donó dinero a escuelas en Gaza después de ser ayudado a vender su miel tras el incendio de Castrocalbón, que arrasó 430 de sus 570 colmenas

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Felechares de la Valdería, pueblo de León, se vio afectado el pasado verano por el incendio de Castrocalbón, que llegó desde Zamora. Los vecinos se resistieron a evacuar el pueblo y consiguieron salvar sus casas, pero los campos fueron arrasados y los ganaderos perdieron la hierba y la paja con la que alimentaban a sus animales. Inca Mallorca Solidaria, asociación solidaria mallorquina, les envió un convoy de vehículos con alimento y paja para el ganado. Álvaro Lobato, apicultor leonés, fue el encargado de guiar a esta asociación para que la donación llegara a más pueblos de la zona. 

Álvaro Lobato, apicultor leonés, donó dinero a escuelas gazatíes tras recibir ayuda por los incendios que calcinaron sus colmenas en León. CEDIDA.

Lobato perdió 430 de las 570 colmenas que tenía durante aquel incendio. “Como se me dio bien la campaña de primavera, tenía miel y me propusieron comprar las existencias para vender en Mallorca”, señaló para el Diario de León. Antes de llegar a la isla balear, los 200 kilos enviados ya estaban vendidos. 

La oferta de la asociación mallorquina se amplió a otros apicultores. En total, se vendieron 500 kilos de miel al doble de su precio para ayudar a aquellos colmeneros. A través de la Unión Apícola Leonesa, otras personas se sumaron a la iniciativa y ofrecieron fincas para que los productores reubicasen sus colmenas. Gracias a ello, Lobato ha podido colocar las suyas en Morla, Tabuyo, Nogarejas, Tabuyuelo y Felechas, todos pueblos leoneses. 

Agradecido por la colaboración, quiso colaborar en otra causa. Donó dinero por cada niño matriculado en colegios gazatíes. Su aportación ayudó a que escuelas montadas bajo carpas pudieran contar con pupitres y asientos. 

A día de hoy, Lobato se sigue encontrando mal por lo sucedido hace algo menos de un año en su hogar. Pese a ello, según confesó para el mismo medio leonés, consigue encontrar la tranquilidad cuando piensa en aquellos colegios: “A veces, estoy deshecho y agobiado porque no me llegan los días para las tareas, pero miro las fotos de la escuela, veo a los niños y me reconforta muchísimo. La paz interior no tiene precio”.

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