Hace 150 años, un hilo de cobre permitió que Alexander Graham Bell pronunciara las primeras palabras a través de un teléfono. La historia de la comunicación —desde ese momento hasta las aplicaciones modernas— es un relato de innovación constante para acortar distancias. En este contexto surge Maximiliana, una aplicación adaptada para mayores que permite realizar videollamadas de forma automática, evitando que el usuario tenga que interactuar con botones complejos. Esta herramienta nació de la necesidad de Jorge Terreu de conectar con su abuela, convirtiéndose en una vía de escape frente a la brecha digital que a menudo dificulta la comunicación con las generaciones adultas.
Hace apenas unos días, la startup aragonesa Maximiliana impulsó «la videollamada más longeva del mundo», reuniendo a 17 mujeres españolas de más de 100 años, una por cada comunidad autónoma. Entre todas sumaron 1.757 años de vida, con una media de 103 años por participante.

Desde Cataluña se conectó María Paquita, con 100 años, la más joven del grupo. En el extremo opuesto, desde Cantabria apareció en la pantalla Sor Rosario, que con 111 años ocupa el puesto de tercera persona más longeva de España. Pepita, madrileña de 105 años, recordó aquellas tardes de juventud bailando chotis con sus amigas. Desde La Rioja, Carmen transportó a todas a la terraza de un baile, el escenario donde conoció al que se convertiría en su marido. En Murcia, Antonia repasó los dos momentos que marcaron su vida: el día de su boda y el nacimiento de sus hijos.
Paquita, representante de Castilla La Mancha, quiso compartir el orgullo que siente por Escamilla, el pueblo de Guadalajara donde aún hoy disfruta de las reuniones familiares. Desde Aragón, Carolina explicó que lleva 16 años viviendo en una residencia, después de 22 años de matrimonio, y quiso lanzar un mensaje de gratitud porque se siente «muy contenta y bien atendida». Todas coincidían en el mismo sentimiento de asombro: ninguna imaginó que llegaría a vivir tantos años y mucho menos que compartiría una experiencia así a través de una pantalla.

Para que estas 17 mujeres pudieran conectarse, cada una recibió un teléfono especialmente adaptado a personas mayores. La clave del dispositivo es que los familiares pueden gestionarlo de forma remota: desde configurarlo hasta iniciar las llamadas automáticamente, sin que la usuaria necesite pulsar ni un solo botón. El sistema incluye además funciones de seguridad como el descolgado automático o la posibilidad de activar una llamada de emergencia agitando el teléfono dos veces.
El broche final al encuentro llegó con la entrega de placas conmemorativas y la lectura de ‘Manos con historia’, un poema de Gervasio Melgar que sirvió como reconocimiento a una generación que ha vivido más de un siglo de transformaciones. Quién le diría al escocés Graham Bell que, siglo y medio después, su invento serviría para que 17 mujeres con 1.757 años de vida compartieran recuerdos frente a una pantalla.
‘Manos con historia’, de Gervasio Melgar
¡Qué hermosas son tus manos, abuelito!
¡Qué hermosas son tus manos con arrugas!
Son manos que me cuentan una historia
de sudores y penas y dulzuras.
Han trabajado mucho y han sufrido.
Saben de la alegría y de la angustia.
Supieron dar el pan, plantar el árbol,
cultivar el rosal, dar la ternura.
Algún día lejano -dulce día
tendré abuelo, las manos con arrugas.
Y la gente dirá: ¡Qué hermosas manos!
¡Cómo saben de glorias y de luchas!
Y un nietecito mío, puro, alegre,
de alma empolvada con blancor de luna,
"abuelo, -me dirá- también mis manos
serán alguna vez, como las tuyas.

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