La tecnología ya cabe en un grano de arroz, y ese pequeño pellizco cabe en el pecho de una recién nacida de apenas dos kilos. El Hospital Universitario y Politécnico La Fe de Valencia ha implantado el marcapasos más pequeño del mundo, marcando un hito en la cardiología pediátrica.
La paciente, una bebé que nació el 2 de febrero con un bloqueo cardíaco completo —una condición que hacía que su corazón latiera a la mitad de la velocidad necesaria—, requería una solución a medida. Su tamaño no permitía esperar. Ante este desafío, los cardiólogos del hospital valenciano contactaron con la compañía tecnológica Abbott, cuyos ingenieros adaptaron el marcapasos Micra AV, diseñado originalmente para adultos, a las dimensiones y necesidades críticas de una vida tan pequeña.

La colaboración traspasó lo técnico adentrándose en lo administrativo. El dispositivo, aunque aprobado en Europa, requería un permiso especial para su uso en una indicación tan concreta. La Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) recibió la solicitud un viernes por la tarde y, en un tiempo récord de apenas cinco horas, emitió la autorización. “Es un claro ejemplo de responsabilidad social corporativa y de colaboración de la industria, porque, teniendo en cuenta el reducido número de pacientes que pueden beneficiarse, tiene una escasa rentabilidad comercial”, tal como destaca la doctora Georgia Sarquella-Brugada, jefa del Servicio de Cardiología Pediátrica del Hospital en la sección de actualidad del hospital. Este implante, guiado por catéter sin necesidad de abrir el tórax de la bebé, no es un caso aislado, sino que representa una nueva era donde la alta tecnología se miniaturiza para llegar a quienes más lo necesitan.
Esta alianza entre sanidad e ingeniería sigue avanzando en otros campos, como el método desarrollado por un equipo multidisciplinar de Málaga para personalizar la inmunoterapia en el cáncer de pulmón. Allí, investigadores del IBIMA y oncólogos de los hospitales Virgen de la Victoria y Regional han creado una herramienta que, mediante un simple análisis de sangre —una biopsia líquida—, es capaz de trazar el DNI molecular del tumor. Este perfil, obtenido gracias a la inteligencia artificial, permite identificar qué pacientes con cáncer de pulmón de células no pequeñas se beneficiarán realmente de la inmunoterapia, evitando tratamientos invasivos e inútiles. Si en Valencia la tecnología ponía ritmo a un corazón diminuto, en Málaga la ciencia afina la puntería para atacar las células cancerosas con una precisión sin precedentes.

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