Menorca, un faro de sostenibilidad en el Mediterráneo

La asociación ‘Per la Mar Viva’ y la fundación ‘Menorca Preservation’ muestran cómo la isla puede enfrentar la contaminación plástica en el Mediterráneo y generar esperanza para la protección de su entorno

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Carlos Salord Quetglas, menorquín de 51 años, no recuerda mucho de los veranos de su infancia. Sí guarda, en cambio, imágenes precisas de ciertos días junto al mar, cuando las hermanas de su abuela llegaban desde la península a pasar unas semanas en la isla. Con ellas y sus primos recorría las playas, y él, todavía niño, pescaba con un arco y una flecha. Cada final de verano, antes de que se marcharan, la familia celebraba una comida en la que el pescado que él había capturado se convertía en el centro de la mesa, un pequeño ritual que cerraba la temporada y sellaba su primer vínculo profundo con el mar.

Nieto de un pescador profesional, aprendió desde muy joven que el mar da sustento, pero también exige respeto. “Es algo que siempre he tenido presente: respetar a los animales, respetar las tallas, respetar el mar, porque nos da mucho y debemos respetarlo”, afirma.

Esa conciencia se volvió más urgente hacia 2016, cuando iba a pescar y empezaba a encontrar plásticos flotando en el agua. “¿Qué pasa aquí? ¿Por qué hay tanto plástico?”, se preguntaba. En el puerto de Ciutadella, donde echaba su barca al agua, los residuos se acumulaban entre rampas y alrededores: botellas, bolsas y vasos generados por bares y la actividad en la zona que se vertían al mar sin control. Toda esa basura se desplazaba mar adentro y se acumulaba en rincones que él conocía bien, y verlo lo entristeció profundamente. “Pensé: ¿qué estamos haciendo?”, recuerda.

Al ver que en su propio puerto también había tanto plástico, se enfadó y decidió que era hora de actuar. “Basta, esto hay que cambiarlo. No puede ser que el puerto de donde soy tire tanto plástico al mar”, afirma.

Al principio quiso afrontarlo junto a su familia. En septiembre de 2017 comenzó un estudio en el puerto de Ciutadella y, con su hermana y sus sobrinos, empezó a recoger residuos y a analizar qué encontraba. Cada domingo, su día libre, limpiaba el puerto, pesaba los plásticos, hacía fotos y vídeos. En apenas dos meses acumuló unos 22 kilos solo desde la orilla y calculó que en un año casi una tonelada acababa en el mar.

La lancha de Carlos Salord, en el Puerto de Ciutadella. CEDIDA POR LA ASOCIACIÓN ‘PER LA MAR VIVA’.

El Mar Mediterráneo, uno de los más afectados por la contaminación plástica a nivel mundial, recibe cada año cientos de miles de toneladas de residuos flotantes que amenazan directamente a la fauna marina. Menorca no es ajena a esta situación: se han detectado microplásticos en todas las muestras de agua superficial y también en cetáceos varados, lo que demuestra que incluso las zonas más protegidas están expuestas a este problema. 

‘Per la Mar Viva’

Pronto entendió que necesitaba organizarse, porque si iba como ciudadano a quejarse no le harían caso, pero, quizá como asociación, sí. Así nació ‘Per la Mar Viva’, una asociación sin ánimo de lucro formada por voluntarios que lucha por la salud del mar. Con los datos recopilados, fue a hablar con el responsable del puerto, quien respondió tomando medidas: colocó papeleras y organizó limpiezas los domingos.  Carlos también contactó con los bares de la zona para que usaran vasos reutilizables; algunos aceptaron, otros no, pero la semilla del cambio ya estaba sembrada.

Hoy, ‘Per la Mar Viva’ sigue impulsando iniciativas que van más allá de la limpieza de las playas y los puertos. La asociación lucha por implantar en España el sistema de depósito, devolución y retorno (SDDR), que en muchos países de Europa logra tasas de recuperación del 90 %. Para ello colabora con entidades como ‘Retorna’, ‘Greenpeace’, Ecologistas en Acción’ y otras dentro de la ‘Alianza Residuo Cero’, con el objetivo de que este sistema se generalice en el país.

Voluntarios junto a la basura recogida en una jornada. CEDIDA POR LA ASOCIACIÓN ‘PER LA MAR VIVA’.

Pero para Carlos Salord, el reciclaje por sí solo no es suficiente. “Todo el proceso de fabricar una botella de plástico implica petróleo, transporte, fábricas, emisiones y, después, aún hay que reciclarla. ¿No sería más fácil reutilizar o beber agua del grifo?”, reflexiona. Su propuesta va más allá: eliminar los envases de un solo uso y sustituirlos por sistemas de recarga en supermercados, donde cada persona pueda rellenar su envase reutilizable. Esto, asegura, permitiría eliminar casi todos los residuos.

Mientras tanto, la asociación combina acción y concienciación. Sus miembros dan charlas en colegios, hacen voluntariado limpiando playas, recogen residuos del mar e intentan darles una segunda vida. Las pelotas que encuentran se donan a escuelas, las defensas de barca se venden de segunda mano, y todo lo recogido se clasifica: cuerdas, zapatos y plásticos, especialmente plástico de alta densidad, que puede reciclarse mejor.

Voluntarios recogiendo los microplásticos de la arena de la playa de Cala Tirant. CEDIDA POR LA ASOCIACIÓN ‘PER LA MAR VIVA’.

‘Menorca Preservation’

Pero ‘Per la Mar Viva’ no es la única asociación que vela por la preservación del patrimonio natural de Menorca. La fundación sin ánimo de lucro ‘Menorca Preservation’, creada en 2017 por Ben Goldsmith y Estefanía Medina Clement, surge precisamente con el objetivo de apoyar e impulsar este tipo de iniciativas locales.

La ‘Fundación para la Preservación de Menorca’ funciona como un punto de encuentro entre organizaciones, proyectos y ciudadanos comprometidos con la isla. Su labor no se limita a actuar directamente, sino que se centra en reforzar, financiar y conectar el trabajo de asociaciones como la de Carlos, así como de otros “héroes medioambientales” que trabajan desde lo local.

El equipo local de ‘Menorca Preservation’. CEDIDA POR CRISTINA BARBER PARA ‘MENORCA PRESERVATION’. 

Sara D’Eustacchio, responsable de comunicación subraya la misión central de la fundación: “El objetivo es convertir Menorca en un faro de sostenibilidad, más allá de su condición de Reserva de la Biosfera, demostrando que un territorio puede vivir en equilibrio entre la naturaleza y las personas, sin tensiones como las que se observan en otros lugares”.

Para materializar esta visión, la fundación articula su esfuerzo colectivo a través de cuatro pilares clave: la protección de la tierra, la conservación del mar, la transición hacia un modelo energético más sostenible y la reducción de residuos mediante el programa ‘Plastic Free Menorca’.

La isla, declarada Reserva de la Biosfera en 1993, amplió sus límites en 2019 para incluir toda la zona marina circundante, desde la costa hasta 12 millas náuticas, convirtiéndose en la mayor reserva marina del Mediterráneo, con más de medio millón de hectáreas protegidas. Esta extensión subraya la necesidad de esfuerzos sostenibles que combinen conservación, limpieza y concienciación ciudadana, permitiendo que Menorca conserve su patrimonio natural único y sirva de ejemplo de equilibrio entre la naturaleza y las comunidades humanas que dependen de ella.

‘Plastic Free Menorca’

Plastic Free Menorca’ es una de las principales iniciativas de la fundación, con varias líneas de trabajo que buscan reducir el uso de plásticos y fomentar su reutilización. Una de ellas son los puntos de reutilización de artículos de playa, instalados tanto en colaboración con empresas —como hoteles y alquileres de coches— como directamente en las playas. Estos puntos permiten que los objetos puedan volver a usarse en lugar de terminar como residuo.

Otra acción clave es la red de fuentes distribuidas por toda Menorca; hasta ahora se han instalado unas doce, con el objetivo de disminuir el uso de botellas de plástico y fomentar el consumo de agua del grifo.

En el ámbito de la reutilización creativa, destaca el proyecto ‘PescArt Menorca’, lanzado en 2022. Este proyecto recoge redes de pesca en desuso que, de otro modo, acabarían en vertederos. En colaboración con la ‘Fundación de Personas con Discapacidad’, estas redes se limpian y preparan para que artesanas y artistas locales creen nuevas piezas, desde tapices hasta otros objetos útiles. Actualmente, ‘PescArt’ logra una tasa de reciclaje del 50 %, transformando residuos en productos sostenibles y artísticos, y fomentando al mismo tiempo la formación y el trabajo en red de las artesanas.

Pieza artística de la artesana Ecologina. CEDIDA POR ‘MENORCA PRESERVATION’.

Aunque ‘Per la Mar Viva’ actúe sobre el terreno y ‘Menorca Preservation’ desde la coordinación y el apoyo, ambos proyectos se mueven por la misma idea de Menorca. Como explica Sara D’Eustacchio: “Somos personas convencidas del potencial de Menorca, no solo de lo que ya tiene, sino de lo que puede aspirar a ser. Quienes han crecido en la isla valoran todo lo que ofrece y son conscientes de los recursos que a veces se dan por sentados”. Esa mirada compartida deja esperanza de que la isla siga protegiendo su mar y su entorno.

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