Hace exactamente una década, la historia del deporte adaptado en nuestro país cambió en el pasillo de una tienda. Mario —nombre ficticio que utilizaron por privacidad—, un cliente que buscaba una solución para pedalear con su hija, lanzó una pregunta que descolocó a los directivos de las marcas deportivas de referencia: “¿Por qué el deporte adaptado tiene que ser un lujo?” En aquel 2016, una bicicleta de manos o una silla de competición eran artículos de importación que podían superar los 6.000 euros, una cifra que resultaba prohibitiva para la inmensa mayoría de las familias.
Hoy, ese desafío celebra en Decathlon su décimo aniversario consolidado como una división clave de la compañía. Lo que comenzó como un proyecto de escucha activa se ha convertido en un catálogo de material técnico que ha logrado reducir los costes hasta en un 80%, permitiendo que prótesis para correr o sillas de esgrima estén al alcance de un presupuesto.

Tras el éxito de la esquiadora Audrey Pascual en los Juegos de Milán-Cortina 2026, la relevancia de contar con material accesible cobra más sentido que nunca. Como la propia Audrey ha destacado en diversas ocasiones, el talento necesita herramientas y, para que una joven promesa llegue a unos Juegos, primero debe haber tenido la oportunidad de iniciarse en su barrio con un equipo que su familia pueda pagar.
Otras figuras como Sara Andrés Barrio, atleta paralímpica, destacó que se debe seguir avanzando en este aspecto haciendo las siguientes declaraciones: “El material es nuestra vida. Unas prótesis de competición son carísimas y no todo el mundo puede acceder a ellas. Si el material fuera más accesible, habría mucha más gente haciendo deporte. No es un capricho, es nuestra forma de caminar y de correr; es una necesidad básica para nuestra libertad de movimiento”.
La evolución en estos años es realmente considerable, marcas como Decathlon han pasado de no tener stock específico a cubrir más de 20 disciplinas adaptadas, desde el baloncesto hasta el surf, provocando que sea habitual la presencia de estos productos en sus estanterías junto a cualquier otra equipación convencional.
Para figuras como Raymond Blondel, presidente del Comité Paralímpico Europeo, la labor de Decathlon en esta década no ha sido solo comercial, sino social. El objetivo final es que el deporte adaptado deje de ser una «sección especial» para integrarse plenamente en la oferta global. La meta es que cualquier persona, sin importar su movilidad, pueda entrar en una tienda y salir lista para entrenar.

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