María Maneiros, gallega nacida en 1996, tiene parálisis cerebral, una discapacidad del 86%, trabaja en la Valedora do Pobo y ha sido reconocida en el Listado de Referentes Galegas Executivas de Galicia. Enrique Ruiz, logroñés nacido en el 2000, tiene una mutación genética no hereditaria que hace que su tono muscular no evolucione al ritmo del cuerpo y ha sido becado por la ‘Fundación ONCE’ para continuar con su investigación académica en la Universidad Pública de Navarra. Pese a estos logros, su camino ha estado repleto de barreras por quienes han dudado de sus capacidades. 

Ruiz no tardó en encontrarse con el primer obstáculo en su paso por el instituto. Durante sus primeros años, este joven logroñés tuvo que avanzar con adaptaciones. Sin embargo, hubo un profesor que no se lo puso fácil. Un año, en clase de Educación Física, el maestro se negó a modificar las pruebas a realizar pese a ser consciente de que el alumno no podía completarlas. 

María Maneiro y Enrique Ruiz, profesionales con discapacidad, persiguen sus objetivos pese a las trabas que encuentran por el camino.

El problema aumentó cuando llegó a Bachillerato y se encontró con quienes le decían que debía optar por un grado porque no sería capaz de sacarlo adelante. “No me veían como una persona normal que tenía capacidades diferentes. Tan solo veían la discapacidad y no que era tan válido como el resto”, señaló para Diario de Noticias

Esta situación se extrapola al conjunto. Según un estudio realizado por la fundación Adecco, el 85% de los jóvenes con discapacidad tienen aspiraciones profesionales claras, pero no tienen expectativas de poder llegar a alcanzarlas. Begoña Bravo, directora de inclusión de esta fundación indicó en el estudio: “Cuando los jóvenes reciben mensajes que asocian la discapacidad con falta de competencia, interiorizan una visión limitada de sus posibilidades que deteriora su autoestima, mermando su ambición y confianza para cumplir sus expectativas profesionales”. Una realidad que Maneiros también ha vivido en el ámbito laboral. 

A sus 30 años, la gallega está cursando su segunda carrera, tiene dos másteres y cuenta con cerca de 30 formaciones en competencias digitales, comunicación y gestión. Sus pasiones son la moda y la publicidad pero, pese a haber mandado incontables veces su currículum para poder trabajar en ello, su búsqueda no tiene resultado. 

Maneiros cuenta con una amplia formación pero se ve limitada a la hora de buscar empleo. Según señaló para el Faro de Vigo, se enfocará en el ámbito público, pero no por falta de interés en otros sectores, sino porque “sobre el papel la teoría está muy bien”, pero no es la realidad que viven las personas con discapacidad. 

España cuenta con la Ley General de derechos de las personas con discapacidad y de su inclusión social (LGD). En su artículo 42.1 establece que las empresas públicas o privadas de más de 50 trabajadores deben reservar un mínimo del 2% de sus puestos a personas que tengan certificado de discapacidad igual o superior al 33%. Sin embargo, Sabina Lobato, directora de Formación y Empleo, Operaciones y Estudios de Fundación ONCE, cree que se debe “ser más vigilantes con el cumplimiento de la ley”, ya que considera que aunque existan las leyes, “no se cumplen”, según recogió Radio Televisión Española (RTVE)

Pese a las dificultades y las trabas que se han encontrado por el camino, tanto Maneiros como Ruiz han seguido adelante y, poco a poco, continúan consolidando sus carreras. Tras obtener la beca de la ‘Fundación ONCE’ siendo el perfil con mejor nota, el logroñés puede realizar su tesis doctoral sobre el ciclo de vida de los diferentes tipos de botellas de vino para optimizar la reducción del impacto ambiental. En el caso de Maneiros, mientras sigue pensando en lograr un puesto en el sector de la moda y de la publicidad, ha sido reconocida por su impacto positivo en la sociedad gallega. Al final, como señaló Francisco Flor, investigador y doctor de tesis de Ruiz, para Diario de Noticias: “Todo va más allá del movimiento, va del esfuerzo”.

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