En los últimos tiempos, uno de los tratamientos más utilizados por hospitales y centros dedicados a la salud mental y trastornos del comportamiento ha sido la llamada Terapia Asistida con Animales (TAA). Esta se dirige a tratar diversos trastornos como el estrés postraumático, la ansiedad o la depresión. Según afirma National Geographic: “Más allá de las terapias, se ha demostrado que la compañía de una mascota previene y ayuda a tratar numerosos problemas relacionados con el estado de ánimo, teniendo un impacto positivo en la salud mental y física”.

Además, la revista asegura que “en los centros que han llevado a cabo terapia asistida con perros, se ha visto que estos influyen muy positivamente en la motivación y el desarrollo de las habilidades sociales de los pacientes, especialmente si son niños o adolescentes”. Pero también son los profesionales de la salud mental los que coinciden en que la presencia de un perro aporta tranquilidad a los niños con trastornos de hiperactividad y confianza para abrirse a aquellos que se enmarcan en el espectro autista.

El estudio destaca una caída del 10% en los niveles de ansiedad y una reducción significativa de la desconfianza social.

La doctora Astrid Morer, psiquiatra e investigadora, confiesa a la revista National Geographic que “la introducción de los perros en la terapia es un facilitador, un enlace emocional entre el terapeuta y el menor, y actúa como catalizador de la terapia”. Dicho de otro modo: el animal actúa de puente entre el profesional y el paciente.

Además de los trastornos comunes, ya citados, la Terapia Asistida con Animales también ejerce como tratamiento complementario para los Trastornos de Conducta Alimentaria (TCA) en adolescentes. Así lo demuestra el estudio llevado a cabo por el Hospital Infantil Niño Jesús en colaboración con la Universidad Rey Juan Carlos y Purina, publicado por El Mundo. “Los pacientes realizaron diferentes actividades y ejercicios con el perro para trabajar de forma progresiva distintos objetivos que perseguían mejorar la salud tanto mental como física de los pacientes a través de la vinculación con el perro”, asegura el medio.

“El impacto del tratamiento fue inmediato”. Según recoge El Mundo, los pacientes no solo mostraron una mejoría en su composición corporal y un aumento del 4% en su IMC, sino que “transformaron su relación con el entorno”. El estudio destaca una caída del 10% en los niveles de ansiedad y una reducción significativa de la desconfianza social. Los participantes lograron, finalmente, reconciliarse con su propio cuerpo, perdiendo el miedo a los cambios físicos y al juicio de los demás.

Deja un comentario