El deporte como motor de vida a partir de los 40

Natividad Iraizoz, nadadora de 74 años; Juan José Guinea Vicuña, jugador de balonmano de 67; y Cristina Sánchez Aldaz, jugadora de baloncesto de 45, reflejan cómo la práctica deportiva puede mantenerse a lo largo del tiempo

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El Club Natación Pamplona es la casa de las campeonas de España Máster. Un grupo de cinco jubiladas que dedican cuatro, cinco o, en el caso de Natividad Iraizoz Sanzol, incluso seis días de entrenamiento de piscina a la semana. Pero no es el único ejercicio que hacen porque, como explica Lidia Echegaray, integrante de 74 años, “la natación hay que complementarla con gimnasio y fuerza”. 

Con una actividad física casi equivalente a la de un atleta de alto rendimiento, Nati, Charo, Lidia, Vicky y Esther se lanzan cada día al agua con un mismo propósito: mejorar sus marcas. “Yo me estoy cansando un poco de que los medios nos saquen como una cuadrilla de viejillas que se mete al agua a pasar el rato”, dice Nati tras haber hecho 5.000 metros a nado a sus 70 años de edad. Este entrenamiento equivale, aproximadamente, a dos horas en el agua a la máxima intensidad. “A mí me cuesta un esfuerzo. Esto es un deporte que te exige mucho”, insiste. 

Y es que, a medida que las personas cumplen años, muchas de ellas van abandonando las actividades físicas, ignorando que el deporte es el mejor antídoto ante el paso del tiempo. La práctica de ejercicio físico puede reducir hasta en un 40% el riesgo de mortalidad cardiovascular y disminuir drásticamente la posibilidad de padecer demencia. 

En el caso de este grupo, Nati fue el motor que impulsó a sus compañeras a retomar la natación ―deporte que todas compartieron en su juventud y que, por diversas circunstancias de la vida, se vieron obligadas a abandonar―. Una de ellas es Vicky de Luis Beorlegui, quien volvió a la competición décadas después de haberse retirado: “Tras jubilarme, retomé las actividades que hacía de joven. Estoy en mi segunda adolescencia, algo más cascada, pero en la segunda adolescencia”.

De izquierda a derecha: Vicky de Luis, Esther Fernández, Natividad Iraizoz y Lidia Echegaray celebran el final de la competición en el Campeonato de España Máster. CEDIDA.

Aunque desde fuera pueda parecer un pasatiempo, la natación máster exige una disciplina, al igual que el deporte de alto nivel. “Parece que te tiras al agua de broma, pero es un trabajo y un esfuerzo constante; es un entrenamiento. No todos los días apetece venir”, explica Nati. “Estaba nadando ahora y, a mitad del entrenamiento, lo hubiera mandado todo a tomar por saco”, confiesa la veterana. Esa constancia y sacrificio son los que han llenado su vitrina de trofeos. Vicky de Luis, su compañera, los intenta enumerar con los dedos: “Habrá ganado nueve o diez títulos… y alguno más que me esté dejando en el camino, seguro”. 

En julio de 2025, Nati participó en el Campeonato del Mundo Máster de Singapur. A pesar de llegar a la cita asiática tras “un mes y pico sin entrenar”, logró la medalla de plata y proclamarse subcampeona del mundo en su categoría. Pero la preparación no fue la mejor para abordar un campeonato de esas magnitudes: “Entre que la piscina de aquí estaba fría y que no había plan de entrenamientos;  tuvimos que coger los ejercicios por internet”.

Ella fue la pieza clave que impulsó al resto del grupo a participar en el Campeonato de España máster. Sin embargo, el camino hacia el podio no estuvo exento de vértigo para sus compañeras. “Aquello me parecía otro mundo. Fuimos un poco abrumadas, como cuatro pardillas que no sabían qué hacer… menos ella, claro”, confiesa Charo Arguiñári, de 70 años. Pese a los nervios iniciales, el campeonato superó todas las expectativas: “Al final resultó muy bien”, recalca con satisfacción. 

Un enfermo del balonmano

A sus 67 años, la trayectoria deportiva de Juan José Guinea Vicuña es una lista interminable: fútbol, baloncesto, atletismo, voleibol, pala, monte… Pero, por encima de todos, destaca el balonmano, una pasión que descubrió a los 10 años y que nunca ha abandonado. “He probado de todo, pero el balonmano es el único que he practicado de forma ininterrumpida”, explica el pamplonés. 

El jugador de ‘balonmano veteranos’, Juan José Guinea Vicuña. CEDIDA.

Tras retirarse de la competición territorial a los 40 años, Guinea inició lo que él define como la “filosofía de los veteranos de Navarra”: ha participado en diversos torneos y en el Campeonato de España de la categoría. A día de hoy, es el integrante más longevo del equipo, una posición que mantiene gracias a su disciplina diaria. “He tenido bastante suerte de no haber sufrido nunca ninguna lesión”, reconoce. Más allá del azar, el jugador atribuye su estado de forma a sus hábitos de vida saludables: “No sé si es porque siempre me he preparado muy bien, tanto en la alimentación como en la parte física”. 

A diferencia de otras categorías, el equipo de veteranos navarro no cuenta con un calendario de entrenamientos fijos. Según se acercan los torneos, como el Campeonato de España, el grupo se reúne dos o tres domingos, “lo que se pueda”, explica Guinea. Aunque él no se limita a hacer solamente el entrenamiento grupal; sino que, tres o cuatro meses antes del torneo, comienza una preparación específica por su cuenta. 

Foto del conjunto navarro de veteranos. Juan Guinea: primero en la fila de abajo empezando por la izquierda. CEDIDA.

“Salgo a correr un día sí y un día no. Con 67 años no es lo mismo que con 45: se pierde velocidad, salto o salida de finta… pero me defiendo”, comenta el jugador. Tiene muy claro que la exigencia personal es innegociable: “Para hacer el ridículo, no voy. Tengo mucho amor propio; en el momento en el que vea que ha sido un mal año, colgaré las zapatillas”.

Como explica Guinea, “para llegar a esta edad y seguir jugando, es importante que de primeras te guste muchísimo, que seas un enfermo del balonmano y, luego ―apunta― que tengas un buen respaldo familiar”.  

Por si fuera poco, el pamplonés no solo ha practicado este deporte, sino que también se ha dedicado 49 años de su vida a dirigir desde el banquillo. Conocido por su larga trayectoria como entrenador y, galardonado como mejor entrenador en la temporada 2018/2019, este es el primer año, desde sus 18, que no entrena a ningún equipo. “Este año estoy de fiesta”, aclara con humor.  

De todas formas, Guinea no ve el balonmano solo como partidos ganados, sino en las relaciones que le ha dado este deporte. “El mayor trofeo son las amistades”, sentencia con claridad. “Ese es el verdadero éxito de haber dedicado mi vida al deporte”. 

El baloncesto como válvula de escape

Este año, las madres de los niños que juegan a baloncesto en el Club Deportivo San Cernin se han animado a crear un equipo de veteranas. Cristina Sánchez Aldaz, una enfermera de 45 años, casada y con tres hijos; decidió retomar el deporte que practicaba en su juventud: “Yo jugué toda la vida a baloncesto hasta entrar en la universidad, entonces me lesioné el dedo y no me podía permitir perderme las prácticas”, afirma. 

Con una vida muy activa, Sánchez recalca que complementa el ejercicio con hábitos saludables, una buena alimentación y mucho deporte. “Todos los días a las seis de la mañana, antes de irme a trabajar, entreno y hago unas tablas de fuerza guiadas con una aplicación”. Además de su rutina diaria y salir a correr, la pamplonesa decidió volver al baloncesto tras una lesión de hombro provocada por el ‘feed boxing’. Fueron ahí las madres de otros niños las que le convencieron: “Me hacía mucha ilusión porque son compañeras con las que ya había compartido cancha y también me motiva que mis hijos me vean jugar”. 

El conjunto del ‘C.D San Cernin Veteranas’. Cristina Sánchez: fila superior, la cuarta jugadora empezando por la izquierda. CEDIDA.

Sánchez se beneficia de cualquier momento del día para mantenerse activa, incluso en sus desplazamientos al trabajo. «Intento aprovechar el tiempo al máximo: vivo en Sancho el Fuerte y bajo andando todos los días a San Jorge, donde trabajo», señala. Lo que también influye en la educación de sus tres hijos. “Quiero inculcarles a ellos la importancia del deporte y de llevar una vida sana. Soy muy pesada con la educación para la salud; les digo qué pueden comer y qué no, incluso mi hijo bromea diciendo que les arruino la vida con mis recetas saludables”, explica entre risas. 

Según relata la pamplonesa, nota una gran diferencia entre ella y las personas que llevan una vida más sedentaria, destacando que el ejercicio es clave para envejecer con calidad: “Tengo mucha más energía y movilidad que gente de mi edad que no hace nada”. 

Más allá de los beneficios físicos, el regreso al baloncesto representa para ella un espacio de autocuidado mental, una válvula de escape. En una rutina marcada por el trabajo y la crianza de tres hijos, el ejercicio se convierte en su refugio personal: “Lo hago principalmente por mí. Es mi momento de desconexión y de olvidarme del resto; en ese rato solo pienso en el deporte”.

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