La construcción de un hogar ante la crisis de la vivienda

La autopromoción y la rehabilitación se han convertido en alternativas a la compraventa de casas

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Mariel Showing Reynaud, interiorista venezolana de 46 años, vive en Madrid junto a su esposo, sus dos hijos y su hija. El nacimiento de esta última, llevó a la familia a cambiar de vivienda en busca de una residencia más grande. Se encontraron con un problema. “Mirábamos por la zona un piso de una habitación extra y era impagable, era muy caro”, anunció la venezolana. Julián Marco Jiménez, abogado navarro de 42 años, buscaba una nueva casa junto a su pareja. Residente del barrio de Iturrama, Pamplona, no pudo encontrar vivienda en esa zona. “En aquel entonces que me comprara un piso yo solo allí era complicado”, señaló. Ante esta situación, ambos buscaron una alternativa: decidieron lanzarse a construir sus propios hogares. 

El precio de la vivienda se ha convertido en una de las mayores preocupaciones de los españoles. Según el Barómetro de enero del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), la ciudadanía lo considera el principal problema al que hace frente el país. 

España se encuentra sumergida en una crisis en lo referente a encontrar una residencia. Así lo refleja el Índice de Precios de Viviendas (IPV), informe trimestral del Instituto Nacional de Estadística (INE) que muestra la evolución de los precios de compraventa, tanto de viviendas nuevas, como de segunda mano. Según el último publicado este 2026, el cuarto trimestre de 2025 alcanzó el IPV más alto en los últimos dieciséis años, con un 12,9%, y se convirtió en el noveno trimestre consecutivo en el que crece. Ante esta situación, algunos encuentran una alternativa más económica a la compraventa: la autopromoción y la rehabilitación de viviendas.

Al optar por una de estas opciones, el particular no solo se hace con el control de la toma de decisiones en lo relativo al diseño de sus hogares, sino que también puede ahorrar con respecto a la compraventa. Este recorte en los gastos se debe, principalmente, a que la partida del promotor desaparece. Sin embargo, también hay que considerar que se trata de un procedimiento largo y el guion previsto puede cambiar en cualquier momento. Por este proceso está pasando Mariel Showing Reynaud

Mariel Showing Reynaud y su hija menor en el futuro jardín de su casa, ahora en proceso de construcción. CEDIDA POR MARIEL SHOWING REYNAUD.

Showing y su marido llegaron a Madrid hace diez años y se acomodaron en un piso de Montecarmelo. “Cuando llegamos valía 350.000 euros”, indicó la interiorista. Allí vivieron hasta que, hace seis años, nació su hija pequeña. “Empezamos a buscar otro porque queríamos algo con una habitación más. Al final no cabíamos en ese piso y yo empecé a trabajar como autónoma. Trabajaba desde casa y era un poco incómodo”, señaló la venezolana. 

El proceso comenzó en el mismo barrio, pero no hubo suerte. Para entonces, los precios ya no tenían nada que ver con los que encontraron al llegar a Madrid. “Nuestro piso había subido a 650.000 euros, pero por la zona todo había aumentado. Si queríamos una habitación más, se iban a 700.000 u 800.000… una locura”, sentenció Showing. 

Empezaron a mirar más allá, en zonas más alejadas, pero no encontraban ningún piso que se adecuara a sus necesidades. Así fue, hasta que un amigo les invitó a comer a su casa en Villanueva de la Cañada, a unos treinta y cinco kilómetros del centro de Madrid. No conocían la zona, pero les gustó. En un primer momento, pensaron en comprar un chalet, pero se encontraron con un inconveniente. “Les encanta hacer los chalets con sótano, bajo, primero, buhardilla y era una cosa inmanejable. Tengo una niña con discapacidad, usa muletas”, señaló Showing. Entonces, vieron que había terrenos disponibles más alejados. 

Consiguieron un primer terreno, pero surgió un imprevisto. “Lo compramos y, al tiempo, nos devolvieron el dinero diciendo que ya no nos lo vendían”, afirmó la venezolana. Se hicieron con un segundo terreno que iba incluido en un proyecto de nueve casas, pero, de nuevo, surgieron problemas. Tenían la casa diseñada, pero necesitaban que el ayuntamiento cediera el suelo. No lo hicieron. Les devolvieron el dinero por segunda vez. 

Algo desilusionados, continuaron su búsqueda y encontraron un espacio que les gustó. Vieron la superficie y la compraron, esta vez, de forma definitiva. Para ello, tuvieron que obtener una hipoteca de autopromoción, que, como señala Showing, es algo complicada de obtener. Para entonces, ya habían pasado dos años desde el inicio de la búsqueda. Teniendo el terreno, se pusieron con el diseño de la casa, con las licencias necesarias y con la búsqueda de una constructora que tardó un año en estar disponible para comenzar la obra. 

Desde entonces, han tenido que hacer frente a diversos problemas que han alargado la duración del proyecto: hubo una subida de precio en los materiales como consecuencia de la guerra de Ucrania, un arquitecto presentó unos planos que se pasaban del metraje permitido haciendo que tuviesen que acortar la casa y tuvieron que cambiar el equipo de construcción. “Ahora, ya vamos un año y medio construyendo”, concluyó la interiorista. 

Pese a las trabas y el largo periodo de tiempo que está suponiendo este proceso, Showing está muy contenta con la decisión tomada. Todo está a medida y han conseguido que la casa funcione en una sola planta. “Tenemos un pequeño espacio en el sótano y en el segundo piso, pero, de forma funcional, todo está en la primera planta y mi niña tiene acceso a absolutamente todo”, señaló con orgullo esta venezolana que espera poder terminar las obras dentro de poco. 

En el mismo punto se encuentra Julián Marco Jiménez. En su caso, también está construyendo un hogar, pero en vez de hacerlo desde cero ha optado por la rehabilitación de una casa parroquial en el pueblo de Artáiz, Navarra.

Julián Marco Jiménez frente a su casa de Artáiz. CEDIDA POR JULIÁN MARCO JIMÉNEZ.

Marco vivía en Iturrama y comenzó a buscar otro lugar para mudarse. “Vivía en iturrama, pero en aquel entonces que me comprara un piso yo solo allí era complicado”, señaló el navarro. El precio de la vivienda, las exigencias del banco y un gusto particular por lo relativo a la rehabilitación le llevaron a buscar una alternativa. “Me puse a mirar casas en pueblos cercanos a Pamplona. Vimos que esta estaba en venta y nos gustó, a pesar de que por dentro parecía la casa de los horrores”, comentó entre risas. La compraron en diciembre de 2018. 

El domicilio en cuestión era una casa del arzobispado a la que los vecinos del pueblo llaman ‘La abadía’. Más de 300 metros cuadrados, tres plantas de más de 100 metros cada y un amplio jardín. En su momento, fue el hogar del sacerdote, después se convirtió en un espacio en el que el arzobispado realizaba convivencia y, más tarde, estuvo en alquiler para particulares. Sin embargo, el interior requería una reforma completa. “Llevaba cerrada desde los años 80 o 90. Estaba en un estado que demandaba hacerla entera”, confesó Marco. 

Así lo hicieron. Primero, realizaron una nueva estructura de la vivienda. Después, comenzaron con la reforma de la planta baja, un espacio oscuro que requería la apertura de puertas y ventanas que dejaran entrar la luz. Dieron con el primer problema del proceso. “Vinimos con una arquitecta para valorar qué se podía hacer y qué no, había zonas en las que el suelo de madera estaba de aquella forma. La arquitecta dijo que creía que teníamos termitas”, señaló Marco. Tuvieron que encontrar una empresa especializada para solucionarlo. 

A este inconveniente, se sumó el aspecto administrativo. “La normativa que hay para rehabilitar viviendas es bastante restrictiva y es complicado cumplirla. Tienes que estar con el arquitecto, dar vueltas al proyecto, ver si el ayuntamiento te autoriza…”, describió el navarro. Además, tuvieron que hacer frente a una traba con la que no contaban. 

La vivienda se encuentra junto a la iglesia del pueblo. Este edificio románico es bien de interés cultural y, por lo tanto, tuvieron que cumplir una normativa más compleja de lo habitual. Debían hacer frente a los requerimientos que demandaban desde Príncipe de Viana, institución cultural de la Comunidad Foral de Navarra

Pese a ello, lograron realizar la obra de la planta baja, aunque, según señaló Marco, todavía queda algún asunto para completarla. El año pasado, consiguieron hacer la primera, en la que viven actualmente, y, de cara al futuro, esperan que la reforma no se alargue demasiado: “Un año, dos como mucho“.

Antes de las obras realizadas en la primera planta de la vivienda. CEDIDA POR JULIÁN MARCO JIMÉNEZ.
Después de las obras realizadas en la primera planta de la vivienda. CEDIDA POR JULIÁN MARCO JIMÉNEZ.

Aunque el proceso se haya alargado, este navarro se siente orgulloso de los resultados que está obteniendo. Más allá de haber configurado este espacio a medida, encuentra una satisfacción mayor en mantener viva esta pequeña pieza de la historia navarra. “Da satisfacción coger una casa antigua, abandonada desde hace mucho tiempo, y volver a darle vida. Rehabilitar patrimonio que es de Navarra, a mi me llena”, afirmó Marco. 

Pese a las diferencias en el proceso y la distancia, hay algo común en sus historias: el orgullo en el proyecto propio. Estos procesos, que nacen en respuesta a un problema, logran convertirse en algo más importante. Más allá del ahorro y del diseño, la configuración del hogar trasciende las historias de aquellos que optan por estas alternativas a la compraventa de la vivienda.

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