En Navarra, la educación ya no solo se mide por el dominio de las matemáticas o la lengua. Existe una asignatura que no aparece en el boletín de notas pero que marca el carácter de las nuevas generaciones: la solidaridad. Según el último balance de la red de Escuelas Solidarias, la 16ª edición del programa se clausuró con cifras récord: 21.000 alumnos y 48 centros implicados en la transformación social desde el pupitre.
Centros como Maristas Sarriguren han integrado grupos de voluntariado en sus actividades pastorales, trabajando la coeducación en paz, los derechos de la infancia y el medioambiente. Un compromiso que también comparte el Colegio Luis Amigó, cuya labor ha sido reconocida oficialmente con la acreditación como Escuela Solidaria de Navarra por parte de Educación y Derechos Sociales.

En Tudela, alrededor de 75 alumnos de Jesuitas se involucran anualmente en servicios que van desde el apoyo escolar en la Compañía de María hasta el acompañamiento en el área de Pediatría del Hospital Reina Sofía de Tudela. Su red de ayuda alcanza a entidades como ANFAS, el Banco de Alimentos o la AECC. Esta última asociación también fue la beneficiaria del concierto organizado por el IES Plaza de la Cruz en Pamplona, donde 150 estudiantes unieron sus voces para recaudar fondos contra el cáncer.

La inclusión es otro pilar fundamental. En el Centro José Mª de Huarte, 120 voluntarios dedicaron su tiempo a la escuela de verano para niños con autismo, mientras que el alumnado de Irabia-Izaga colabora estrechamente con el colegio El Molino y ofrece apoyo escolar a niños inmigrantes a través de la Fundación Core.
La formación solidaria empieza desde los primeros pasos. La Escuela Infantil de Ribaforada ha destacado en la campaña «Lactudesayunos saludables y solidarios», donde los más pequeños aprenden de nutricionistas a mantener una alimentación equilibrada y sostenible.
Por su parte, el CPEIP Virgen de Gracia de Cárcar demuestra una capacidad de reacción inmediata: su última semana solidaria destinó fondos a Acción Contra el Hambre y al CEIP Orba de Alfafar (Valencia), apoyando directamente a los afectados por la DANA.
La mirada de los escolares navarros no se detiene en sus fronteras. El colegio Irabia-Izaga mantiene una red de ayuda internacional: desde costear operaciones de niños con deformaciones severas en el Hospital Monkole (Congo) hasta el apadrinamiento en Kiongwani (Kenia) o la organización de conciertos para fomentar la formación científica de mujeres en África. En esta misma línea, las familias de Miravalles-El Redín colaboran con la Comunidad Misionera de San Pablo Apóstol para combatir la desnutrición infantil en tierras kenianas.

Estas iniciativas confirman que la educación en la Comunidad Foral ha integrado la intervención en el entorno como parte del día a día escolar. Un modelo que se asienta en un contexto donde Navarra se posiciona como la comunidad que más invierte en políticas sociales, permitiendo que la colaboración con ONGs y asociaciones locales forme parte de la estructura propia de estos 48 centros navarros.

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