La Asociación de la Prensa de Madrid (APM), en colaboración con el Ayuntamiento de Madrid, celebrará mañana miércoles 18 de marzo la inauguración del monumento en memoria de los profesionales del periodismo asesinados en el ejercicio de su profesión. La escultura, elaborada por Daniel Canogar, contendrá los nombres de esos 15 reporteros: José María Portell, Luis Espinal, Juantxu Rodríguez, Jordi Pujol, Luis Valtueña, José Luis López de Lacalle, Miguel Gil Moreno, Santiago Oleaga, Julio Fuentes, José Luis Percebal, Julio Anguita Parrado, José Couso, Ricardo Ortega, David Beriain y Roberto Fraile.
El acto tendrá lugar en el bulevar situado enfrente de la sede de la APM y contará con las intervenciones de José Luis Martínez-Almeida, alcalde de Madrid, y de María Rey, presidenta de la APM.
CONMEMORADOS
José María Portell (1978)
Portell no era un redactor cualquiera, se convirtió en un icono de la libertad de expresión frente al terrorismo. En los años más duros de violencia en el País Vasco, el asesinato de José María Portell supuso un bombazo directo contra el diálogo. Fue el primer periodista asesinado por ETA, el 28 de junio de 1978. Padre de cinco hijos y marido de la periodista Carmen Torres Ripa. Fue un hombre de familia que a sabiendas del riesgo de escuchar a unos y a otros en la sociedad vasca de los 70 suponía un riesgo real para su vida, entendió que su actividad era necesaria para la democracia que nacía.

Luis Espinal “Lucho” (1980)
Religioso jesuita, cineasta y periodista. Lluís Espinal, nacido en Cataluña y nacionalizado boliviano, no entendía su compromiso espiritual sin la denuncia social. En Bolivia se convirtió en un símbolo contra el régimen dictatorial de Luis García Meza. Su profundo compromiso con la democracia y la palabra hizo que lo secuestrase un grupo paramilitar, para torturarlo y matarlo la noche del 21 de marzo de 1980. Su legado sigue presente como símbolo de unión entre la fe y la lucha por la justicia social.

Juantxu Rodríguez (1989)
Juan Antonio Rodríguez Moreno fue uno de los grandes fotógrafos que documentaron la transición española y la vida cotidiana con una sensibilidad única. A Rodríguez lo mató una bala estadounidense mientras cubría la invasión de Panamá para El País. Estaba allí con su compañera Maruja Torres, cubriendo la invasión cuando un proyectil le alcanzó cerca del Hotel Marriott. Tras su asesinato, el 21 de diciembre de 1989, las tropas estadounidenses confiscaron sus cuadernos de notas y sus carretes. Dispararon a quien disparaba la cámara con la certeza de que como Don McCullin “la fotografía no puede cambiar la realidad, pero si mostrarla”.

Jordi Pujol Puente (1992)
La eterna sonrisa tras la cámara. Pujol, el fotógrafo catalán de 25 años que marchó a Sarajevo recién graduado de Ciencias de la Información por la UAB, murió el 17 de mayo de 1992 por el impacto de una granada de mortero. Trabajaba para el diario Avui, aunque comenzó a ejercer como freelance antes de terminar la carrera. Fue la primera víctima española en los Balcanes y su figura de fotógrafo en medio de las balas fue reconocida por la sociedad Bosnia al nombrarlo ciudadano de honor en Sarajevo en 2022.

Luis Valtueña (1997)
La barrera entre la profesionalidad y el trabajo en el periodismo de guerra es muy fina. Involucrarse activamente, además de ejercer como reportero, está al alcance de muy pocos. Luis Valtueña fue uno de ellos. Trabajó como fotógrafo para la Agencia Cover y como logista, encargándose de que los hospitales tuvieran suministros. Su vida fue una mezcla entre arte y entrega. En Ruanda, Valtueña intentaba poner luz en el corazón de las tinieblas. Un grupo de milicianos extremistas Hutus asesinaron al reportero madrileño el 18 de enero de 1997 en la localidad de Gatonde. En su memoria, Médicos del Mundo creó ese mismo año el Premio Internacional de Fotografía Humanitaria Luis Valtueña.

José Luis López de Lacalle (2000)
De Lacalle fue el verdadero contra todo y contra todos. El Columnista de El Mundo fue un referente moral en Euskadi. Hombre de palabras, no de armas, luchó con el bolígrafo contra el franquismo y no estuvo dispuesto a callarse su opinión contra ETA. Supo tiempo antes de su muerte que estaba en el punto de mira. Vandalizaron su casa con pintadas y tanto él como su mujer, Maripaz, y sus hijos, Alain y Aitziber, recibieron amenazas. El grupo terrorista lo asesinó el siete de mayo del 2000 mientras volvía a casa de comprar la prensa. La imagen del cuerpo del columnista junto a sus ocho ejemplares de periódicos recién comprados se convirtió en un icono de la libertad de expresión frente al terror de quienes ven en la violencia lo que no encuentran en el diálogo.

Miguel Gil Moreno (2000)
¿Quién dejaría atrás una vida de abogado de éxito habiendo nacido en una familia pudiente? ¿Quién cambiaría el trayecto en moto por la diagonal de barcelona por los camino de los Balcanes? Miguel Gil Moreno fue el proyector de los conflictos más crudos del final del siglo XX. “La pobreza no llora, la pobreza sufre en silencio”, dijo Ryszard Kapuscinski, uno de los grandes maestros del oficio, y Gil decidió mostrarlo al mundo. Murió el 24 de mayo del 2000 en una emboscada de los rebeldes del Frente Revolucionario Unido (RUF) en Sierra Leona. Su madre recuerda que Gil no era un temerario, sino una persona que no podía descansar sabiendo que había una buena historia sin contar. “Si no estamos nosotros, es como si no hubiera pasado”, decía el fotógrafo.
Son muchos los recuerdos de sus compañeros en Sierra Leona y Kosovo: Gil era el último en irse. Cuando la OTAN bombardeaba o los rebeldes avanzaban, él se quedaba. ¿Por qué? «Siento que si me voy, estas personas se quedan solas en la oscuridad«, confesó una vez.

Santiago Oleaga (2001)
Para que el periodismo se ejerza hay cientos de roles y engranajes necesarios, algunos son más visibles como el redactor o el fotógrafo y otros como el de Santiago Oleaga, quien fue director financiero de El Diario Vasco, son menos notorios, pero igual de indispensables. Oleaga fue asesinado el 24 de mayo de 2001, por dos pistoleros de ETA, mientras acudía al médico para una rehabilitación en San Sebastián. Casado y con dos hijos, su muerte supuso un ataque directo a la libertad de expresión, para los enemigos del albedrío cualquier engranaje de la maquinaria de la información era un objetivo.

Julio Fuentes (2001)
El enviado especial por excelencia de El Mundo. Murió en Afganistán, el 19 de noviembre de 2001, en una emboscada en una carretera entre Jalalabad y Kabul. Fuentes era un “viejo rockero” de los conflictos armados: El Salvador, Nicaragua, Bosnia, Chechenia… tenía el mapa del dolor del mundo grabado en la piel. El reportero madrileño no escribía crónicas, redactaba pedazos de la realidad que situaban al lector con rigurosidad. A pesar de su larga trayectoría en el periodismo de guerra, Fuentes nunca perdió la capacidad de conmoverse. Su filosofía era que para contar la verdad y contarla bien, había que estar en primera línea, asumiendo los riesgos necesarios.

José Luis Percebal (2002)
Corresponsal de la COPE en Rabat. Su muerte el 12 de febrero de 2002, en la capital marroquí, fue un misterio sin resolver. Perceval apareció apuñalado en su domicilio y las investigaciones atribuyeron el asesinato a casuas ajenas a su profesión. Dedicó su vida a un periodismo de proximidad, las caras y las historias eran su pasión, entendía a los marroquíes como nadie. Su trabajo sirvió de puente informativo entre las dos orillas del estrecho.

Julio Anguita Parrado (2003)
Juan Antonio Rodríguez Moreno fue uno de los grandes fotógrafos que documentaron la transición española y la vida cotidiana con una sensibilidad única. A Rodríguez lo mató una bala estadounidense mientras cubría la invasión de Panamá para El País. Estaba allí con su compañera Maruja Torres, cubriendo la invasión cuando un proyectil le alcanzó cerca del Hotel Marriott. Tras su asesinato, el 21 de diciembre de 1989, las tropas estadounidenses confiscaron sus cuadernos de notas y sus carretes. Dispararon a quien disparaba la cámara con la certeza de que como Don McCullin “la fotografía no puede cambiar la realidad, pero si mostrarla”.

José Couso (2003)
Cámara de Telecinco con una mirada política y social marcada, José Couso fue asesinado el ocho de abril de 2003 tras el impacto de un proyectil disparado por un tanque estadounidense contra el Hotel Palestine de Bagdad, donde se alojaba la prensa internacional. Couso fue un profesional con todas las letras, sus compañeros recuerdan que, incluso bajo el fuego, su prioridad era que la imágen estuviera enfocada y la señal no se cortara. Su hermano Javier siempre ha mantenido que José estaba allí porque creía en el periodismo no empotrado. En un contexto donde las decisiones estadounidenses eran la ley, Couso decidió que su cámara debía ser libre.

Ricardo Ortega (2004)
Corresponsal de Antena 3, preparaba sus crónicas con una precisión matemática, repitiéndolas hasta memorizarlas para no dejarse un solo detalle en el directo. Estudió física nuclear gracias a una beca, lo que le permitió dominar el idioma ruso y comprender la cultura soviética en profundidad. Murió el 7 de marzo de 2004 al recibir varios disparos en una manifestación en Puerto Príncipe, Haití, tras el derrocamiento del presidente Jean-Bertrand Aristide. Ortega fue corresponsal en Moscú y Nueva York. Cubrió conflictos en Chechenia, Sarajevo, Afganistán y la guerra de Irak.

Roberto Fraile y David Beriain (2021)
Dos tipos que se complementaban como el objetivo y el cuerpo de una cámara. Beriain era la voz, la persona capaz de decirle “háblame de tu madre” a un sicario, un terrorista o quien tuviera delante. El reportero navarro no trabajaba en lugares de gran peligro por adrenalina, sino porque creía firmemente que el periodismo era una herramienta para comprender la complejidad humana, con todas sus caras. Fraile, natural de Barakaldo, era el ojo, el cámara que aseguraba que la imagen llegase al público recogiendo tanto su crudeza, como su lado más humano. Fueron asesinados ambos el 26 de abril de 2021 en Burkina Faso. El Grupo de apoyo al Islam y a los Musulmanes (JNIM), bando vinculado a Al Qaeda, reinvindicó la autoría del ataque.

Son 15 los nombres y apellidos de aquellos reporteros españoles que perdieron la vida. 15 nombres que sirven para recordar la importancia del oficio, pero son muchos los de aquellos que diariamente dan voz a las historias de quienes viven en ángulo muerto para la mayoría. Gaza, Ucrania, Israel, Líbano… Son muchos los lugares alrededor del mundo donde gracias al periodismo de guerra y quienes lo ejercen esas historias salen a la luz. La periodista colombiana Catalina Gómez Ángel lo recordaba en el discurso que pronunció al recibir el primer Premio Internacional David Beriain el pasado octubre: “Si algo he aprendido en estos años es que incluso en medio de la guerra, del dolor y de la destrucción, sigue primando la humanidad. Y nuestro trabajo es no dejar que esa humanidad se pierda entre los escombros”.

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