Andrés Jiménez al salir del colegio iba al quiosco de su abuelo para ojear cómics. Sus favoritos eran ‘Mortadelo y Filemón’, ‘Pulgarcito’, ‘TBO’, ‘Astérix y Obélix’ y ‘Spiderman’. “Lo único que me decía mi abuelo era que no los abriera mucho, que luego tenían que vender y no podía parecer que estaban usados”, confesó Jiménez para ABC. Antes de convertirse en jugador de baloncesto, ya soñaba con ilustrar sus propias viñetas.
El ilustrador nació en Carmona, pueblo sevillano. No fue hasta sus trece años que comenzó a jugar a baloncesto, después de que un grupo de ojeadores del primer equipo del pueblo lo vieran. “Claro, a esa edad ya medía 1,97. Unos chicos mayores que querían hacer un equipo vinieron al colegio y cuando entraba alguien a clase todos nos levantábamos. Nada más verme dijeron, tú vente para acá”, señaló para el mismo diario entre risas.

No sabía de baloncesto, pero a los quince años empezó a destacar y poco después fichó para el Cotonificio de Badalona. Le costó la diferencia entre la vida en el pueblo y una ciudad industrial, pero, pese a ello, logró adaptarse. La muerte de su padre cuando Jiménez tenía diecisiete años hizo que su familia se tuviera que mudar con él a Badalona. Con fuerza y determinación siguió adelante y se convirtió en uno de los grandes jugadores españoles de la historia.
Como jugador llegó a ser plata olímpica en Los Ángeles 1984 y, ahora, en su etapa como ilustrador, publica su gran cómic: ‘Mi loca historia del baloncesto’ (Valnera Gráfica). Tres historias en una única publicación: sus inicios en el mundo del baloncesto y su etapa como deportista, un relato de la humanidad con el baloncesto como eje de todos los grandes acontecimientos históricos y el diario dibujado que hizo durante los días de los Juegos Olímpicos de Los Ángeles.
Este sevillano es feliz con su vida dentro del mundo de la ilustración, como señaló para ABC: “He estado dos veces en El Jueves y he sido el hombre más feliz de la tierra”.
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