Las galletas de Julia Pan, mujer de 92 años, salían de un horno en la localidad de Bergondo, Galicia. Cada domingo, las preparaba en su casa para su hijo, Fernando Pombo, que se llevaba táperes para poder disfrutarlas el lunes. Ahora, este producto se comercializa a nivel internacional.
Estos dulces caseros procedían en su origen de una receta familiar. Pan la heredó de su madre y de ella pudieron disfrutar numerosos familiares. Ese disfrute se extendió cuando Pombo comenzó a llevarlas al trabajo. “Cuando Fernando las trajo a la oficina y las probé, me dije: Esto es diferente. No es una galleta, ni una pasta, ni un bizcocho. Son las tres a la vez”, explicó Óscar Varela, compañero de trabajo de Pombo, para La Opinión A Coruña.

A raíz de este descubrimiento, Varela convenció a Pombo para crear las ‘Martietas de Fío’, un dulce “totalmente artesano” que se puede encontrar en diferentes tiendas gourmet de todo el mundo.
Ambos tenían experiencia en el sector empresarial, ya que tenían una marca de moda: ‘Fío de Martié’. Aún así, el vértigo estaba presente al ser un sector diferente al de la repostería. “Fer no estaba nada convencido y sus hijos tampoco, porque llevan comiéndolas toda la vida. La propia Julia aún nos sigue preguntando si de verdad se venden”, indicó Varela para el mismo medio. Pese a las dudas, sacaron adelante el proyecto. Las primeras galletas que se lanzaron al mercado llegaron de la mano de Pan, que no dudó en encargarse de su producción.
Los primeros clientes fueron amigos, después amigos de compañeros y, finalmente, lograron hacerse con un obrador propio. Ahora, la distribución de este producto traspasa fronteras. Según señaló Varela para el medio gallego, “Se venden en España, en tiendas gourmet, eventos y restaurantes, pero también fuera. Ya están en Francia, Bélgica y Estados Unidos, pero queremos consolidarnos”.

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