Alrededor de 45.000 peregrinos pasan cada año por la Comunidad Foral al recorrer el Camino de Santiago. De ellos, aproximadamente 1.300 tienen el privilegio de hospedarse en el albergue de Anfas. Ubicado en Estella, es probablemente uno de los refugios de peregrinos más particulares de toda la ruta, ya que desde 2004 está gestionado por personas con trastornos del desarrollo y discapacidad intelectual.
El albergue nació a partir de la iniciativa de un grupo de personas que reclamaban un espacio propio donde poder desarrollar actividades y participar de manera activa en la sociedad. Situado en la calle Cordeleros, este proyecto ha logrado dar respuesta a las inquietudes de aquel pequeño grupo inicial.

Este miércoles abre sus puertas hasta finales de verano, dando así comienzo a su vigésimo segundo aniversario. Una nueva edición que vuelve a poner de relieve la importancia de la inclusión en actividades cotidianas. Según indicó Esther Lerga, jefa de comunicación del centro, afrontan esta campaña con “mucha ilusión”.
Con un espacio adaptado a sus necesidades, Anfas cuenta con la participación de 70 personas con diferentes discapacidades, que realizan tareas básicas que van desde la atención al peregrino hasta la colaboración en el mantenimiento del albergue.

Bajo el lema ‘La ilusión que nos mueve, experiencias que nos unen’, el proyecto apuesta por el trabajo en equipo como eje principal. Un trabajo conjunto que, poco a poco, da sus frutos: en los últimos tres años ha aumentado el número de personas que ya no necesitan acompañamiento constante en el desarrollo de sus actividades.
Estíbaliz Hortaleza, responsable de Anfas en Estella, subraya la importancia de esta enseñanza mutua: “Aprendo muchísimo de ellos”, afirma. La fundación ha sido reconocida en múltiples ocasiones con diversos premios, entre los que destaca el otorgado por la Asociación de Amigos del Camino de Santiago.

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