Más de 20.000 músicos han actuado frente a pacientes ingresados gracias a ‘Música en Vena’

“Al ver el sufrimiento que se vivía día a día en el hospital, decidí llevar músicos para que tocaran mientras se daba la quimio en la unidad de oncología”, explica Virginia Castelló, presidenta y fundadora de ‘Música en Vena’

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Podría ser un escenario más. Con sus artistas, su iluminación y su público entregado. En España, desde hace 14 años, la asociación sin ánimo de lucro llamada ‘Música en Vena’ se dedica a orquestar esperanza en los hospitales: música en directo de la más alta calidad en cada habitación. Cuando los cantantes de ‘Música en Vena’ como Rozalén, Sandra Carrasco o Rosario Flores irrumpen en una habitación de oncología, en una unidad de diálisis o en la UCI, el hospital se transforma. 

El proyecto surgió a raíz de dos momentos vitales que marcaron a Virginia Castelló Castro, su presidenta y fundadora. “A través de la experiencia que tuve con mi cuñada, que tuvo un cáncer muy agresivo y lamentablemente falleció en el hospital Puerta de Hierro, nació ‘Música en Vena’”, explica Virginia. “Al ver el sufrimiento que se vivía día a día en el hospital, decidí llevar músicos para que tocaran en la unidad de oncología mientras se daba la quimio”, añade. 

El segundo impulso llegó desde otro ingreso: el nacimiento prematuro de sus hijos. “Me puse de parto a los seis meses, ellos nacieron con un kilo, los sujeté un mes en la cama acostada en el hospital”, recuerda. “Lo primero que hice cuando me acerqué a la incubadora fue cantarles las canciones que yo les tarareaba cuando estaban en mi vientre”. Esa respuesta vital fue la semilla de ‘Arrorró mi niño’, un proyecto de nanas interpretadas por voces femeninas que hoy recorre las unidades de neonatos. “Es lo primero que escucha un niño, ¿no?: la voz de la madre”, concreta la fundadora. 

Virginia Castelló, directora de Música en Vena en una visita al hospital. CEDIDA.

De esa mezcla de dolor y esperanza nació una idea que hoy recorre España. Si bien el germen fue la oncología, la iniciativa creció. “Estamos en muchísimas unidades de los hospitales: diálisis, neonatos, en plantas, UCI, hospitales de día, de quimioterapia… también dependiendo de cada hospital donde quieran realizar el concierto. Solemos rotar para que sean muchos los que se beneficien”, detalla Castelló. 

Ha habido pacientes en coma que han recordado cuando el músico le ha tocado una canción de Alejandro Sanz. Eso sucedió en el Hospital 12 de Octubre”, cuenta Virginia: “Cuando despertó del coma le preguntó a la madre si alguien le había cantado, porque lo sintió. Y la madre le dijo que sí, que se lo había pedido al músico”. 

No es un caso aislado. En neonatos, donde todo es frágil y urgente, la música también deja huella medible. “La jefa de la unidad nos dijo: mira cómo se ha tranquilizado con la música, cómo le han cambiado las constantes vitales”. También hay gestos que no caben en un informe clínico: “Una madre se puso a llorar porque su bebé, ante una nana, se había relajado y era la primera vez que había succionado su pecho”. 

Voluntaria de Música en Vena en la unidad de neonatos. CEDIDA.

La directora recuerda: “Llevamos un coro gospel al Hospital Niño Jesús y de repente una niña, de unos 14 años, en silla de ruedas, con la cabeza baja, que tenía ausencias mentales según su madre, conectó con el coro. Sonrió, cantó, tocó palmas”.

Música a pie de cama

Lo que empezó como una iniciativa personal se fue convirtiendo en una estructura sólida, alimentada por el propio boca a boca entre artistas. “Se expandió de un músico a otro. Algunos me escriben, quieren vivir la experiencia y al ver la respuesta de los pacientes, ven el efecto terapéutico que tiene la música, y por eso suelen repetir”, explica Castelló. 

El resultado es resaltable: en 14 años, más de 20.000 músicos han colaborado con la labor de Música en Vena. El formato es tan versátil como los artistas que participan. No hay una única manera de hacerlo. A veces, cuando la estrella es de un calibre especial, el escenario se amplía. “Por ejemplo, cuando llevamos a Rosario Flores, lo hicimos en el salón de actos. Jorge Drexler sin embargo estuvo en la unidad de neonatos y en diálisis cantando”, señala. Pero la esencia, el verdadero ADN de la asociación, está en el contacto directo: “Algunos músicos no quieren salón de actos porque prefieren ir directamente a pie de cama, donde el paciente se está dando el tratamiento”. 

Bailarina de ‘Música en Vena’ en el hospital. CEDIDA.

Jazz, flamenco, clásica, música brasileña, músicas del mundo, pop. Todo vale cuando el objetivo es conectar. Hay un género que provoca una reacción especial. “He visto que con el flamenco es increíble lo que sucede, porque terminan bailando enchufadas a la quimio”, cuenta Castelló con tono alegre. “El flamenco es muy pasional, muy de tierra y los pacientes muchas veces se emocionan. Es verdad que la música tiene ese poder de emocionar y entonces los pacientes y los familiares y personal sanitario terminan aquello en una fiesta”. 

El último refugio

Suzana Nadejde, soprano de ópera de 31 años, y Marta Mulero Vinuesa, violonchelista de 39 años, llevan años participando en estos conciertos. Ambas coinciden en que el hospital no es un escenario cualquiera, sino un lugar donde la música adquiere una dimensión distinta. 

Suzana lo resume con una crudeza que no admite matices. “Es una sensación extraña, porque estás tan cerca del dolor, tan cerca de la enfermedad, tan cerca del alma de la persona. Impacta mucho, sobre todo porque les ves allí con un hilo a la vida. Con un nivel muy frágil de vida y muy agradecidos por lo poco que tú haces. Siempre veo a gente llorar y no hay un día que haya cantado allí en el que no vea a la gente emocionadísima”. 

Suzana Nadejde canta ópera en un hospital. CEDIDA.

La soprano confiesa que la primera vez que pisó un hospital fue un golpe de realidad: “Fui a la UVI. Allí había un chico, creo que más joven que yo, que estaba destrozado. No puedo olvidar esa imagen, me desmayé. Había tenido un accidente de moto y estaba prácticamente irreconocible. Estaba recién salido de la operación. Obviamente estaba inconsciente, pero el impacto que tuve fue enorme”. 

Hay escenas que se quedan aún más adentro: “Una vez me pasó que un señor se estaba muriendo en ese momento. Le canté el último ‘Ave María’. Toda la familia estaba allí, llorando, despidiéndose. Yo no podía casi cantar. Estaba con mi pareja y nos íbamos turnando porque no podíamos contener el llanto. El señor murió unos 15 minutos después. Y el agradecimiento de la familia fue algo que no se puede explicar”. 

Marta, con su violonchelo, también percibe esa energía diferente a la de los teatros, aunque con la mirada puesta en el efecto que generan: “La energía que se respira en el hospital es especial. Sentimos que propagamos un alivio durante un rato, la gente suele tener una respuesta muy positiva, les gusta. El otro día se nos echó a llorar un médico”. 

Para ella, el recuerdo más impactante le lleva al Hospital Niño Jesús. “Son niños que lo están pasando mal, con cáncer, leucemia. Ellos no tienen culpa. También me impactó la unidad del dolor o psiquiatría adolescente”. 

Ambas artistas coinciden en que el repertorio no es algo que se pueda llevar cerrado de casa. Hay que leer la sala, pero una sala que late con dolor, máquinas y silencios. Marta lo explica con claridad: “Preparamos el repertorio más amplio de lo que vamos a tocar. Si es gente mayor, sabes que ‘Bésame mucho’ les va a encantar. Si son jóvenes, igual algo como ‘Viva la Vida’. Y también música clásica”. 

Marta Mulero toca el violonchelo; su pareja (izda.), el saxofón. CEDIDA.

“Los voluntarios te tratan increíble. Siempre con una sonrisa, te ayudan con el instrumento, con lo que necesites. La labor que hace Virginia y todos sus compañeros es muy bonita y totalmente desinteresada”, añade Marta. 

No solo cambia a los pacientes. También a quienes cuidan. “Limpiadores, médicos, enfermeras. Hay gente que igual lleva 20 horas trabajando y de repente esto es un alivio. Es algo muy agradable para todos”, concluye la violonchelista. 

Actualmente, ‘Música en Vena’ realiza entre 10 y 15 conciertos mensuales, una cifra que su fundadora considera insuficiente para la demanda y el potencial que tienen: “Dependemos de la financiación. Queremos que empresas, sobre todo en el mundo de la salud, como farmacéuticas o cualquier empresa, puedan patrocinarnos. Los músicos lo hacen voluntariamente, pero luego hay empresas e instituciones que me llaman para organizar conciertos fuera del hospital. Ahí se genera empleabilidad para ellos”. 

Héctor Gerónimo, cantante y colaborador de ‘Música en vena’ suma otro recuerdo: “Hace unos meses dimos un concierto de Navidad en la Fundación Jimenez Díaz. Una señora muy arreglada y sensible se puso a llorar y se abrazó a la cantante que estaba conmigo. Nosotros seguimos cantando. Fue emocionante porque le susurró unas palabras al oído. La cantante lloró con ella. Más tarde nos enteramos que la señora le había dicho entre lágrimas: Me queda un mes de vida y me han hecho sentir feliz

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