“La transmisión en sí es complicada. El factor que hace más posible la transmisión de VIH es la carga viral, como en todos los virus. Si hay muchísima carga viral, es más fácil. Si no hay, es imposible”, cuenta Leticia Ramón Serrat, trabajadora social y educadora sexual en la Asociación SARE desde 1998.
España se ha convertido en el primer país europeo en financiar el inyectable de profilaxis de preexposición (PrEP) para personas VIH negativas con alto riesgo de adquirir la infección por vía sexual, según anunciaba el Ministerio de Sanidad en un comunicado el pasado mes. Este tratamiento lleva tiempo funcionando para personas con VIH. La Terapia Antirretroviral de Acción Prolongada (LA-ART), se administra cada dos meses sustituyendo a las dos pastillas diarias. Para Isaac —nombre ficticio para mantener el anonimato—, uno de los beneficiarios de esta medicación, el cambio no es solo clínico, es vital. «Olvidarte de esos dos meses es mucho, la verdad. Voy a inyectarme y de ahí me olvido«, confiesa aliviado.
Para aquellos que viven con VIH, la toma diaria de medicación no es solo un recordatorio de su condición, sino un riesgo constante de exposición social en un mundo que aún arrastra muchos prejuicios. «El no estarte escondiendo de que te vean tomar una medicación en el trabajo o donde sea, pues la verdad que es mucho más cómodo», explica Isaac.
Leticia Ramón ha sido testigo de cómo la epidemia se transformaba: «En el 99 el VIH era una cosa y hemos ido cambiando la asociación conforme ha ido cambiando la epidemia. No tiene nada que ver hablar del 98 o hablar ahora del 2025. Es otro mundo».

Leticia recuerda los inicios: «En los 80, muy pocas personas sobrevivieron. En los 90 llegó el AZT, un tratamiento para el cáncer súper agresivo por el que incluso había gente que fallecía». Tras ese periodo oscuro llegó el tratamiento combinado que logró la indetectabilidad, y ahora, el inyectable: «Lo que cambia es lo que dice Isaac: olvidarte cada día de que tienes VIH».
A pesar de los avances médicos, la concienciación sigue siendo una asignatura pendiente. España cuenta con aproximadamente 150.000 personas conviviendo con el VIH, según ERESVIHDA, pero el estigma social parece haberse congelado en el tiempo.
Leticia diferencia conceptos que la gente suele confundir: «La gente piensa en VIH y SIDA como si fuera lo mismo, con una imagen de deterioro o muerte. El SIDA es un proceso que antes era final y ahora se puede revertir». De hecho, la experta señala: «Había un médico que decía que las personas con VIH viven más porque, al cobrar conciencia sobre su salud, se cuidan más: dejan de fumar o hacen más ejercicio«.
La base de esta nueva etapa es la certeza científica de que el tratamiento no solo salva al individuo, sino que protege a la comunidad. «Si eres indetectable, no puedes transmitir el virus. Tiene ese doble beneficio para quien recibe y para las posibles parejas sexuales», explica Leticia. No obstante, Isaac reconoce la realidad que viven muchas personas: «Jode un poco cuando escuchas a la gente hablar en redes… piensan que solo tienen VIH los homosexuales».
El reto actual, según la Asociación SARE, ya no es solo clínico, sino de detección y normalización. «Hay personas seropositivas y seronegativas, pero la mayoría son ‘cero-no sé’, porque no saben si tienen VIH«, advierte Leticia.

La financiación del inyectable en España como medida preventiva es un avance prometedor. Pero, mientras la medicina sigue recortando terreno al virus, el objetivo es que la sociedad tome conciencia de la realidad y no demonice aquello que no conoce. Como concluye Leticia Ramón: «Te diría que lo que ha avanzado la clínica no lo ha hecho la sociedad».

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