Con googlear “mi hijo discapacitado es uno más en el colegio” se pueden ver cientos de artículos y noticias sobre la carencia en la inclusión de la educación pública en España. De vez en cuando, la negatividad sobre la educación nacional da algo de esperanza con casos como el de Juan Prieto, un niño asturiano con autismo, o la iniciativa del centro de Formación Profesional de Santurtzi. 

Juan Prieto consiguió el pasado curso que la Consejería de Educación pusiera en marcha un aula abierta en su colegio Carmen Ruiz-Tilve de Oviedo. El pequeño tiene TEA (Trastorno de Espectro Autista) y su madre Lidia denunció constantemente que su hijo no recibía los apoyos necesarios y reclamó el acceso a un aula de este tipo, estas cuentan con atención necesaria para los alumnos y alumnas con alguna necesidad especial. 

Madre e hijo celebrando el apertura del aula. CEDIDA POR LA VOZ DE ASTURIAS.

El 30 de diciembre de 2020 se publicó en el BOE la modificación de la ley de educación. Esta asegura en el artículo 75.3 que con la finalidad de facilitar la inclusión social y laboral del alumnado con necesidades educativas especiales que no pueda conseguir los objetivos de la educación obligatoria, las Administraciones públicas fomentarán ofertas formativas adaptadas a sus necesidades específicas.  Seis años después la pregunta es: ¿se ha materializado este cambio? 

Por fin hay un niño autista feliz en su colegio y una madre que empieza a estar tranquila”, contaba Lidia para La Voz de Asturias. Las cifras actualizadas del Ministerio de Educación, Formación Profesional y Deportes sobre la cantidad de estudiantes con educación especial se sitúa en 46.873 alumnos, 1.491 más que el año pasado. De estos el 67% son varones y el 33% son mujeres, todos con tipos de discapacidades muy distintas como las auditivas, visuales, motoras o TEA. 

“La educación es el arte de hacer visibles las cosas invisibles”, destacaba Jean- François Lyotard. En España hay quienes siguen siendo invisibles a ojos de la adecuación de su etapa escolar a sus necesidades. La lucha incansable de los padres y madres por los derechos de sus hijos aparece día sí día también en los noticieros con manifestaciones como la del 20 de febrero en Las Palmas o 28 de febrero en Santiago de Compostela. 

A pesar de los aires de exigencias y cambios, hay iniciativas que dan esperanza a los padres y madres en una buena educación para sus hijos. El pasado 2 marzo el Gobierno vasco ha puesto en marcha en Santurtzi un grado medio de FP adaptado para alumnos con necesidades especiales. Este se centra en estudios de informática y comunicación. 

Lo que hace pionera esta iniciativa es la flexibilidad que el centro otorga a los alumnos para acabar el ciclo en tres o cuatro años, en vez de los dos habituales. Además, cuenta con un acompañamiento terapéutico y pedagógico durante toda la formación. Las mismas cifras del Ministerio de Educación sitúan en casi 29.000 nuevos alumnos con alguna discapacidad en FP respecto al año anterior.

La victoria en estos casos sería que estas noticias dejen de serlo. Iniciativas como la FP en Santurtzi o figuras como la FP en Santurtzi o figuras como la del pequeño Juan Prieto, dotan de sentido la lucha de muchos padres por una educación realmente inclusiva para sus hijos y demuestran que la política educacional no avanza con pasos de gigante, pero es consciente de las necesidades de muchos de sus ciudadanos

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