«El arte es tan necesario como el aire que respiramos», decía Carlos del Amor. La RAE contempla hasta 10 definiciones de la palabra arte, pero ninguna es capaz de explicar lo que para muchos significa; una salida, un sitio seguro. Una vía de escape o la única

Existe un instante, justo antes de que el pincel roce el lienzo, en el que el ruido de nuestra vida se apaga. Para muchos, ese momento de silencio es un simple descanso; para otros, en cambio, es la única forma de seguir hacia delante. Prueba de ello es Encarni Maneiro. Su historia, recogida recientemente por El Diario Vasco, no es la de una artista que busca llenar el Thyssen o el Louvre con sus obras, sino de la de una mujer que buscaba una salida. “La pintura me salvó a la hora de salir del agujero”, confiesa la gallega. Tras una depresión profunda encontró las respuestas en la luz de San Sebastián y en el oleaje del Cantábrico. 

Encarni Moneiro, junto a uno de sus cuadros. CEDIDA POR EL DIARIO VASCO.

Desde que nació mi hijo, que es discapacitado, fui la esposa, la madre de la hija que está sana, la cuidadora del hijo que tiene un problema… ¿Y yo quién era?, sostiene Encarni. Sino se habría hundido. La historia de Encarni Moneiro no es un caso aislado, es parte de un fenómeno que el filósofo y educador Pedro Huerta define como “el arte como salvación”. Este habla del acto creativo no como una huida cobarde de la realidad, sino como un reencuentro con lo que somos

La OMS aseguró a través de un informe en 2019 que el arte podía tener un efecto directo en la salud. El estudio revelaba pruebas sobre cómo la participación en actividades artísticas tenía un efecto directo en la gestión de emociones. Además, sostenía que contemplar o crear arte, en su sentido más amplio, reduce los niveles de cortisol (la hormona del estrés) en casi un 50% tras 45 minutos de practicar la actividad o la contemplación activa de una obra. 

Natalia Tomás, al igual que Encarni, encontró en la paleta de colores el brillo que le faltaba a su vida. Natalia se enfrentó al olvido. Tras someterse a tratamientos de electroshock por salud, perdió parte de sus recuerdos. “Mi pintura no es solo estética, es una prótesis de mi memoria”, mostró en un reportaje de RTVE. El arte le devuelve la imagen de quién fue y quién es. El pincel y su producto sirven como hilo de su propia vida y sus recuerdos. 

Natalia Segovia posando en su estudio. INSTAGRAM.

El efecto positivo de las artes en la biología humana no es algo reservado para unos pocos con una sensibilidad superior, médicos canadienses e ingleses ya prescriben dosis de arte. En estos países ya recetan visitas a museos o talleres de pintura como parte de tratamientos para la ansiedad o depresión. Para el mejicano Martín Ramírez, el arte no fue una carrera sino exactamente un tratamiento contra su depresión maníaca. Hoy es un icono del art brut (corriente que se refiere al arte creado por personas sin formación artística), pero en su día fue, simplemente, un hombre que pintaba para no desaparecer. Ramírez, migrante mejicano, pasó tres décadas encerrado en hospitales psiquiátricos estadounidenses. Durante esos movimientos entre instituciones de salud mental, el mejicano fue incorporando la pintura como pasatiempo. Hoy, es un artista que fuera de sus cabales y sin formación artística ha sido reconocido por críticos de arte como Roberta Smith o Peter Schjeldahl como uno de los dibujantes más importantes del siglo XX

Lo que para Encarni es una vía de escape al cuidado de un hijo descapacitado y una vida estresante; o para Natalia una cámara de los recuerdos para un hipotálamo dañado; o para Ramírez un espacio de libertad dentro de las cuatro paredes de los psiquiátricos, puede ser una herramienta de descanso y reducción de cortisol para cualquiera que se lo proponga. “El arte nos permite trascender el sufrimiento”, apunta Pedro Huerta, convirtiendo el dolor en algo no tan oscuro a lo que poder plantarle cara

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